Las siete obras de misericordia y la labor de la Hermandad
El Real Privilegio de 1488 menciona explícitamente las "siete obras de misericordia" como fundamento de la labor asistencial de la Cofradía. Descubre qué son estas obras y cómo la Hermandad de la Piedad las ha encarnado a lo largo de ocho siglos de historia.
Las obras de misericordia en la tradición católica
Las siete obras de misericordia corporales son un conjunto de actos de caridad hacia el prójimo recogidos en la tradición cristiana desde la Edad Media. Son: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, alojar al peregrino, visitar al enfermo, redimir al cautivo y enterrar a los muertos.
La función asistencial en el Real Privilegio de 1488
El texto del Real Privilegio de Fernando el Católico de 1488 recoge explícitamente que la Cofradía de la Piedad se encarga de "sepellir o enterrar muertos pobres sentenciados e otros que a la dicha confraría tocantes las siete obras de misericordia". Esta función —enterrar a los muertos y asistir a los ajusticiados— era la más específica y diferenciadora de la Hermandad.
El acompañamiento a los condenados a muerte
Cuando el Tribunal de Justicia comunicaba a la cofradía que un reo había sido puesto en capilla (últimas horas antes de la ejecución), se ponía en marcha todo un protocolo: el mayordomo se aseguraba de que el reo recibiese comida; un llamador permanecía toda la noche a su lado; los hermanos le acompañaban en el trayecto al patíbulo, vestidos con túnica y escudo. Tras la ejecución, la cofradía recogía el cadáver y lo conducía hasta el camposanto, costeando el entierro.
La iconografía de la Virgen de la Piedad
La elección de la Virgen de la Piedad como patrona no es casual. En la iconografía católica, la Pietà representa a María sosteniendo entre sus brazos el cadáver de su Hijo, ajusticiado y reo de muerte por los romanos. La simbología es perfecta para una institución que, voluntariamente, se hacía cargo de los ejecutados de la ciudad.
Los camilleros: la herencia viva
Desde 1890, la Hermandad canalizó esta misión asistencial a través del servicio de camilleros, que recogen los cuerpos de fallecidos por muerte violenta o inesperada en Calatayud y su término. Esta labor, iniciada cuando aún existía la pena de muerte en España, continúa activa en la actualidad y es el rasgo más característico y reconocido de la Hermandad.